sábado 8 de diciembre de 2007

BESOS DE ÁNGEL PARA EL REY SOL




-Tiene la textura crocante y es tersa como un mazapán. ¿ Cómo habéis hecho esta delicia? –preguntó el Maestro de cocina de la corte a su ayudante, un muchacho hábil e ingenioso que tenía a su cargo.

Y el joven le respondió:- No crea maestro que fue fácil hacerlo. Puso a prueba mi paciencia y la precaución porque su gracia es que se inflen en el horno para que queden huecas. He colocado un tanto de mantequilla a diluirse al calor de punto medio como me habéis enseñado, y luego le he agregado de un solo golpe un poco de harina y de inmediato creyendo que la mantequilla se iba a quemar, casi siempre sucede, comencé a revolverlo con una cuchara larga hasta que la masa pesada se desprendió de la olla, entonces se me ha ocurrido incorporarle unos cuatro huevos, uno por uno hasta que ha quedado brillante y lisa. Las he puesto en una lata como las que usamos para asar galletas y luego al horno. Las probé cuando salieron y al ver que estaban huecas, les he rellenado con crema de vainilla, pero pienso que se puede usar otros rellenos incluso con guisado de cangrejos. Estos que son dulces fueron sellados con un baño de caramelo dorado que luego se cristaliza.

El maestro de cocina asintió y tomando el postrecillo lo acomoda en una bandeja de plata y con mano enguantada inicia la marcha por los infinitos pasillos de palacio en los que cuelgan pesadas lámparas de cristal de roca. Amplias ventanas dejan entrever los jardines de Versalles. Las mesas de pie sostienen figuras en porcelana de un alambicado rococó. Llega hasta la fuente principal donde un ángel niño juega con Neptuno los cuales parecen divertirse como sátiros. Sube por las amplias escaleras vestidas con alfombras. De las altas paredes penden los cuadros de la familia, uno de la reina María Teresa con su nieto Felipe de Anjou. Mas allá “ El rapto de las sabinas” de Riviere. Y al llegar a la habitación real toca tres veces la puerta, moviendo el aldabón.

En la habitación una pierna en el aire es cubierta por una fina media de seda. El contorno de sus piernas resalta con los zapatos de tacón alto que llevan un decorado en la punta. Una falda corta cubre tímidamente sus encantos mientras que el paño y el terciopelo hacen contraste con la palidez de su rostro. El maquillista aplica polvo de arroz. Peina sus cejas, luego humedece sus labios y les pone algo de carmín. Una cascada de bucles cae por su espalda. Le acomodan la peluca. Se levanta. Se mira ante el espejo.

- El estado soy yo.

Y le lanza un beso coqueto a su imagen, la reina luna.

El maestro de cocina entra con los ojos bajos y hace la reverencia.

- Un bocadillo, mi rey? Le ofrece el postre.

- Qué es?

- Besos de ángel, Majestad. Los ha ingeniado mi ayudante.

-¿ Besos de ángel?

- Si, mi señor.

Un aire de desconfianza tiene el rey sol, pero tomando la confitura entre sus manos la acerca a su boca, muerde con cuidado y cuando su mandíbula se ha movido varias veces, se detiene con los ojos desorbitados, la cara roja y la boca repleta, traga grueso, limpia las comisuras de los labios con la punta de un pañuelo y mirándolo fijamente al tiempo que seca algunas gotas de sudor de su blanca frente, le dice:

- Está buenisima.