

Llegué a un pequeño puerto de difícil acceso y justo en el muelle cubierto de brumas, era esperada por un hombre muy alto y desgarbado, de mirada fría y altanera que me llevaría a un mejor destino.
-¿Quién ha ido y vuelto para contarlo? –me dijo el adusto barquero que me llevaba sobre el Río del Olvido, mientras continuaba diligente su oficio de mover los remos sobre las espesas brumas y que al desembarcarme voló ligera cómo una flecha hacia el alejado puerto.
Había yo caminado un poco sobre una callejuela de lonjas de piedra y viéndome entre los muros de la ciudad del hielo, luego de cruzar el amplio portón de queja lastimera, cuando escuché unas sutiles voces que me hablaban:
-¿Qué haces aquí, viva aún, para gozar con los cruentos males que nos afligen? - - ¿Quién os ha dejado llegar hasta los que esperan después de la muerte?
Un dejo de dolor tenía aquel ánima que me exhortaba a responderle.
- No creáis almas, que me gozo de vuestro sufrimiento - les dije- ni he venido por cuenta mía sino por uno que es más alto que yo y me obliga por su amor a ir a su encuentro, así que no soy la que elige su destino pues él me guía.
Aquellas almas entonces tomaron forma y con sus ojos entristecidos me dijeron:
- Dichosa porque amas y has alcanzado el más valioso de los dones. !Cuánto no daríamos por un minuto de existencia para amar con toda el alma hasta la misma muerte! No estaríamos aquí inmersas en esta tristeza tan profunda que humano ser ha sentido jamás.
Acerquéme curiosa por reconocerlas y al querer saber más sobre este lugar tan desolado les dije:
- Pero decidme, por qué estáis tan tristes? ¿Qué penas se purgan en este lugar y cuál es vuestro destino
Una de aquellas almas avanzó un poco y dejando ver su nublada faz pude escucharla decir:
- El purgatorio es un sitio de tránsito; por este plano han pasado muchas almas de hombres y mujeres que vivieron la esperanza, aunque unas están todavía apresadas por sus propias acciones, esperan a ser probadas y juzgadas y otras sufren lo indecible por no haberse perfeccionado.
- Aquí debemos purificarnos en el hielo y en el fuego. Cada una descubrimos con desencanto el error en que caímos y debemos pagar con rigor las ofensas a los otros.
Otra de las almas con un susurro de voz dijo:
- No pueden darse cuenta por estar absortos en las riquezas de los sentidos y no perciben que la vida es una escuela perfecta y trascendente, que pone las dificultades para ser superadas, jamás sobre los limites de vuestra capacidad. Creéis que os forjáis un destino pero no pensáis que es vuestro único destino el que hacéis posible; las circunstancias, la familia, los hechos, talentos y fracasos son cuidadosamente escogidos para que la conciencia fluya y perciba realidades mas complejas. La mente cómo creen no esta sujeta sólo al cerebro, sino al espíritu. Y todas sin excepción así lo admitimos. Es cómo despertar a la realidad después de un largo sueño. La vida es eterna y no es eterna. Todo cabe en un granito de arena cómo en el vasto universo. La conciencia esta en todas partes. Somos pensamientos de Dios cuyo destino es amarle. Somos amor que ama el amor.
- ¿Pero soy libre de amarle?- les pregunté con nostalgia.
El amor da la plena libertad de autorrealizarse, pero sólo halla la dicha cuando es todo en el todo.
-Y entonces por qué no amáis? Les pregunté nuevamente.
Me respondió:
- No hay albedrío sin cuerpo, es la ley. Un alma encarnada es tan poderosa cómo los ángeles y los dioses. Sois capaces de transformar, definir y escoger vuestro destino que es el único posible. Y cada uno recoge lo que siembra. El obrero merece su jornal. Y el premio para un buen esfuerzo es mas vida, vida eterna le llamáis.
- Aquí todas somos lo que hemos alcanzado,- dijo la tercera, pero no podemos sino esperar. Muchas almas se superan en este plano aunque otras continúan estancadas en estados de tristeza y sufrimiento. Unas toleran difíciles pruebas para vencer las tendencias con que vivieron y seguir aprendiendo que el odio, la injusticia, la disolución, la maledicencia, la irresponsabilidad, la ingratitud, los celos, lo soez, la envidia, el insulto, deslealtad, las debilidades , la codicia, el desamor, son planos del mundo. En el plano de las almas todo aspira al amor porque sobre todo reina.
- Pero ya que queréis conocer el lugar donde se purgan las faltas del alma, ven con nosotras y os lo enseñaremos.
Y al seguir con ellas mi camino, comprobé que el purgatorio era un sitio de pena interior donde la tristeza se respira en el aire, se siente al mirar las casas desoladas y al escuchar el rumor de los ayes detrás de los cristales.
Y entre todas yo sabía exactamente la pena que purgaban pues eran tan transparentes que translucían lo que pensaban. No hay secretos para los que no tienen cuerpos. Vi que eran tan dolorosas algunas cargas que no podía dejar de sentir en mi garganta un nudo de dolor, una opresión, un desasosiego por la búsqueda interminable.
Atravesamos un angosto sendero de plantas fantasmales y entre las nieblas de ese paraje frío y húmedo, vi muchas almas que corrían cómo si algún ser no visible los persiguiese y al llegar a la parte mas profunda del purgatorio muchas más en círculos padecían encadenados al peso de sus culpas.
- Los miserables - dijo una de las almas. se hallan confiscados a las esferas mas bajas y deben aprender la caridad para entrar a otros lugares menos severos, tal vez por ello viajan con frecuencia al plano de los vivientes para entregar ellos mismos los tesoros que ocultaron no sin antes llamar la atención con luces, sombras y espantos.
Y adelantándome entre ellas, observé un ruinoso monasterio de aspecto desolado que se levantaba sobre una montaña.
- Aquí permanecen los ambiciosos que son atormentados por sus deseos y deben practicar la austeridad. Suelen permanecer cómo monjes al viento y la nieve, sintiendo en sí mismos los rigores del hambre, flagelándose los unos a los otros para que limpiando sus tendencias, puedan ser llevados a otros espacios de purificación. Todas las almas deben lavar sus túnicas y aligerar sus lámparas y vencer las siete pruebas para salir de aquí y dejar de sufrir.
Un poco mas alejadas, otras almas caminaban dificultosamente en un tortuoso paraje de negro fango y queriendo las pobres salir de tan molesto lugar procuraban ir hacia la orilla con tan mal tino que mas que salir parecían ir hacia lo profundo.
- Quiénes son? –les dije.
- Aquellos que veis purgan una pena muy común. Has visto los cenagales donde se encuentran los envidiosos. Y no pueden verse, están ciegos y mira como se lamentan de haber deseado mas de la cuenta. Sufren al verse convertidos en lazarillos de sus propios pasos.
- Pero sigamos el sendero que aun falta mucho por recorrer.
- Mirad los impasibles cómo sufren ya que en vida les falto la prudencia y el ser diligentes. Permanecen inmovilizados al estar adheridos a la roca sin poder liberarse y sienten en sus pechos, el dolor, la soledad y el abandono.
Y quiénes son esos que están mas aislados que los demás? Y señalé en el aire.
los burletes y los escandalosos que se hallan aislados en un laberinto de calles de espejo, de donde no pueden salir, ni verse entre ellos sino que buscan sin descanso la salida y sólo pueden hallarse a sí mismos.
Al cruzar el camino que bordea una montaña, divisé a lo lejos dos aldeas.
- Quiénes son los que habitan estas aldeas y por qué parece emanar calor en una y un álgido vapor en la otra?
=En el candente lugar cuyo suelo son los rojos tizones se encuentran los rabiosos y los pendencieros que no tuvieron paz en vida, y aquí tampoco. Lloran sin descanso porque su pena es la más dura y deben ser abrasados. Sólo saldrán para sufrir en el hielo de la ciudad contigua donde están los celosos y los que dudaron siempre. Tiritan en el hielo y sus dientes crujen en macabra conjunción.
-Ya casi amanece – dijeron las almas al unísono.
Era el Sábado Santo cuando las almas esperaban la gracia de ser liberadas y trocada su tristeza en alegría, cuando hicieron una suerte de hileras cómo perlas en un collar y todas juntas desfilaron pacientes hasta una inmensa catedral de vidrio purísimo y que llamaban la escuela de la virtud donde eran probadas por la luz beatifica de siete arcos de iris.
Y a aquella incierta comitiva también me uní yo con la oculta esperanza de continuar mi viaje.
Si supieras, lector mío, cuanto alborozo sentí en el alma al ver que estaba próxima a mi destino y que también yo debía purificar mis faltas. ¿Qué hay de malo en querer estar bella ante mi amado? Y pueda ver el más dulce de los sueños y supe que un halo de gloria me acercaba adonde son posibles todos los anhelos.
Y vi cómo muchos seres alados de brillantes trajes subían por los aires a las almas purificadas. Y en cada rescatado una luz muy poderosa tronaba en los cielos y las siete virtudes brillaban sin par y no era comparable a luz alguna antes vista y muchos cantos de arpegios celestiales se oían en el orbe y fui también probada en los pasillos de la luz según mis tesoros, igual que aquellas almas que en su pena olvidaron lo que era la alegría.
Nuestra esperanza, fe, paciencia, prudencia, amor, caridad, verdad, sabiduría y el temor de Dios fueron medidos y dado el doble del talento, al obtener el triunfo de la virtud sobre el pecado.
Y con sorpresa, vi que también me fue dada una túnica resplandeciente y fui coronada con rosas y puesta en mis manos una rama de verde olivo y escuché que me decían sin pronunciar palabra:
- Ven aquí, tú que amas porque no les será quitada su recompensa a los hijos de la luz .
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